Un regalo de Dios

En Nicaragua, tanto en las calles de su capita como en las carreteras que enlazan las diferentes ciudades y comunidades, es muy común encontrarse con vehículos de transporte que lucen su nombre propio en alguna parte de la carrocería.
En este artículo, Orlando Ortega Reyes nos expone de manera magistral y muy fiel a las historias que compartimos los ciudadanos nicaragüenses, aunque es muy probable que rotular medios de transporte con nombre propio sea una costumbre difundida en todo el subcontinente latinoamericano.

Los hijos de septiembre

Buses Managua.  Foto Orlando Ortega Reyes

De manera inexplicable, aquel nombre pintado en la parte superior del camioncito me inquietaba sobremanera y no era de las cosas que debían llamar demasiado la atención a un niño de cinco años.  Era un camión de madera, de vistosos colores que mi tía Mélida había conseguido en Masaya y con una enorme sonrisa, de aquellas que poco gastaba, me lo regaló.  Costaba maniobrarlo, pues era grandecito y pesaba como el Santo Entierro.   Encima del parabrisas lucía su nombre: El Chamaco (Léase bien: Chamaco).  Cuando la curiosidad sobrepasó mi capacidad le pregunté a mi madre el por qué el camioncito tenía nombre y ella me explicó que cuando alguien tenía algo muy valioso, ya fuera un vehículo, una mascota, una finca, también lo bautizaba con algún nombre de su preferencia.  De esta manera observé que ciertos vehículos en el pueblo tenían su respectivo nombre, como La Pénjamo, camioneta del…

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